Imágenes de un paseo por la "Vía verde de la Jara"



Solo la lluvia sabe del transitar de este camino, del desánimo de esta vieja estación, a la que solo le queda el dolor de  poder ser, y no haber sido.




Hoy comenzamos nuestro paseo descubriendo la Vía verde de la Jara a su paso por el pueblo toledano de Aldeanueva de Barbarroya. 

Las vías verdes son el resultado de desmantelar estructuras ferroviarias que estaban fuera de funcionamiento y adecuarlas al ocio y disfrute de personas, para descubrir la naturaleza y las maravillosas vistas que nos regalan estos recorridos de ensueño.

En España, este proyecto comenzó en la década de los noventa del siglo pasado y hoy,
son hogar de miradas en soledad y caminos para el reencuentro con uno mismo, en las que también, podemos disfrutar  del aire puro y los olores silvestres con la familia o amigos.






La alegría de descubrir solo se vive una vez, alimentarse de experiencias venideras alargan la vida y la sonrisa.




En éste paseo me acompaña mi hijo, que mejor compañía con la que descubrir este maravilloso paraje, refugio de "tesoros" y aventuras para los más pequeños.

Partimos desde este pueblo toledano cercano a Talavera de la Reina, famosa por sus magníficos azulejos, en los que el amarillo y el azul brillan y ensalzan la belleza de la ciudad de la cerámica.


Según datos históricos, en Aldeanueva de Barbarroya ya existen instrumentos de piedra desde hace más de 500.000 años, en el denominado "Cerro del lomo".

También existen pruebas del paso de los romanos en un asentamiento de la misma zona. Fue a partir del siglo XV cuando el pueblo comenzó a adquirir importancia.


 El arzobispado de Toledo, adquirió la propiedad bajo la jurisdicción de Talavera de la reina. Hoy en día puede visitarse esta población y disfrutar la naturaleza de su entorno, donde encontramos mucha diversidad tanto vegetal como animal (caza mayor) y dar un tranquilo  paseo por sus alrededores así como por esta  hermosa vía por la que vamos a adentrarnos.



Son los olores y las texturas al caminar por bellos parajes, las que guardamos como momentos dulces para reclamar en el hastío.




Pasamos por la señal que nos indica que estamos a cien metros de nuestra fantástica travesía  y comenzamos a bajar por un camino pedregoso, con alguna casa baja jalbegada desde la que se puede vislumbrar la vieja estación y la vía.
Mi hijo revolotea a mi alrededor entusiasmado y ávido de nuevas aventuras con las que abastecer su joven mochila.



Un camino sin luz, no tiene porque ser oscuro, cuando nuestro ansia  de aventuras es desmedido.




La vía verde de la Jara discurre por El Valle del Tajo, atravesando  el embalse de Azután y preciosas zonas como la falda de la sierra de Altamira. Se esconde bajo diecisiete túneles y saluda a los vientos sobre cinco viaductos. 
Ésta vía nunca llegó a funcionar, el proyecto se paralizó por la guerra civil (aunque se empezó a diseñar bien entrados los años veinte) y la marcha de mucha de sus gentes hizo, junto con el auge del automóvil, que en 1964 se paralizará el proyecto, reanudándose  esta nueva etapa en los noventa para transformarse en un tesoro para los sentidos.




Ver la luz al final del túnel solo está permitido a los que han tenido el valor de adentrarse en él...




Este sueño para el caminante tiene una longitud de cincuenta y dos kilómetros, naciendo en la estación de Calera y Chozas (Toledo) y muriendo en la de Santa Quiteria, hoy reconvertida en granja de ganado.

Sumergirnos en el túnel en dirección al embalse nos anima a jugar con sus ecos. Mi "cachorro", con gran alegría, hincha sus pulmones y esputa grotescos alaridos que son correspondidos por la garganta hueca de este corredor de los vientos.
 Es divertido saludar a éste vergel con tan imponente altavoz.




Mirar hacia el futuro habiendo transitado por oscuras veredas nos da fuerza y experiencia  para iluminar nuestro camino.



El túnel nos despide con un silbido aireado mientras el Sol nos acaricia el rostro, mostrándonos pequeñas moles de piedra cortadas por la mano del hombre que nos miran desde su quietud, animándonos a observarlas.
Sus formas grotescas pero de belleza sin par, nos animan a admirar el entorno mientras el canto de las aves y el olor a libertad,  nos roba una mueca de asombro.


Siempre hay personas que no ven en ti ni potencial ni valía. Muéstrate con ellos como esta mole del camino, dura por fuera y sin fisuras en su interior.




Vestigios del pasado se entrelazan entre paradas para tomar alguna foto y jugar a la escalada, buscando madrigueras de algún conejo que hace tiempo huyó del lugar al oír nuestra cercanía.

Giro la cabeza hacia tras y observó como el caudal de agua que embebe estos terrenos nos acompaña sereno y sin prisa, reverdeciendo árboles y pastos para el ganado.




En el ocaso del día, cuando nuestros sentidos se adormecen, rememoramos las luces de la alborea, reconociendo los mejores momentos para disfrutar de un grato sueño.




Este ganado  crea una simbiosis con el entorno, contagiando a los caminantes la misma paz que transporta las aguas del lugar.

Mi hijo me saluda desde un alto, escondido tras unas encinas y algún almendro, invitándome a encontrarlo. Salgo como un rayo en su dirección y su risa nerviosa me descubre (aún más) su preciado escondite.




La paz interior es el refugio de nuestra locura, si agrietamos tan cálido hogar nos mostrará sus demonios.



Que bonita es la infancia, con esa inocencia innata y esa facilidad de asombro que embauca a los mayores regresando a nuestros juegos de años ha.




Solo los audaces sobreviven a las inclemencias. Solo los valientes se aferran a sus sueños.




Paso a paso uno se siente observado ante tanto silencio, solo interrumpido por el aleteo de algún verdecillo o el tosco mugido de las vacas.

Los pequeños desfiladeros que atravesamos, están llenos de supervivientes de tormentas y azadones.
Chumberas repletas de higos, higueras comunes, almendros y encinas nos rodean animándonos a saborear  sus frutos, silvestres y dulces como la canela.



Que nunca se acabe tu camino, el día que lo das por finalizado, desaparecen tus sueños.




Algunos de estos árboles vigilan desde las pequeñas atalayas de esta vía el paso de los viandantes, ofreciendo sombra y protección sin pedirnos nada a cambio.




Solo la fortaleza de tus cimientos soportará mil adversidades. Aún siendo tú, el único que crea en ti.



El cansancio hace presencia en mi pequeño acompañante. No es camino complicado, todo lo contrario, pero su algarabía y su afán por descubrir lugares mágicos entre la vegetación está mermando  sus fuerzas.



El descanso de los tuyos no significa renuncias ni tristeza. Es un duro camino en el que el paraguas con el que los cubres está  construido con sueños e ilusión.



Hacemos una parada a petición suya, disfrutamos de un buen trago de agua fresca y, mientras observo el camino andado y una trifulca entre dos gorriones, vuelvo a escuchar a mi hijo llamar mi atención. 

Los más pequeños olvidan el cansancio cuando ven un brillante montículo por el que escalar, con socavones que bien pueden hacer las veces de "guarida secreta"...



Que bello es observar desde la templanza y nada más



Rodeado de verdes y frondosos árboles, la voz de mi pequeño resuena entre las hojas y, a cada "sigiloso" movimiento, veo caer sobre mí, hermosas y dulces bellotas.



En la soledad del guerrero, solo cabe una verdad, que nadie es mejor que nadie por muy alta que sea la atalaya.





Sigilosamente, rodeo algunos árboles para sorprenderle por la espalda y me topo con un muro de piedra que delimita la linde de una finca. 
Le llamo para que vea el descubrimiento y se entusiasma al descubrir tantas piedras con las que poder construir una inmensa guarida.


No hay muros que se interpongan cuando el amor está de tu parte.



Los "vigías" desde lo alto, siguen observando nuestro juego, alargando sus ramas para participar de el.

Nos sorprende una extensa zarzamora repleta de frutos  con una pinta deliciosa. Estos son negros como el azabache y relucen provocándonos al deleite.


Brilla, brilla y deslumbra a la osadas plebes, que de odio y cobardía nutren sus almas cuando ni siquiera comprenden tu luz. 





La naturaleza regala a los viandantes sus ambrosías para no perder el ánimo y continuar descubriendo sus entornos y bondades. 

Pero el camino empieza a pesarle a mi pequeño y le animo con una sorpresa final que seguro le gustará.



El maná que cae sobre los tuyos, es el sonido de tu risa cuando estás junto a ellos.




El siguiente juego es dar patadas a las piedras y luchar con ramas caídas cual mosqueteros defendiendo a su reina.

El entretenimiento es vital para "soportar" el pequeño tramo que nos queda hasta la "sorpresa".



Tropezar no es debilidad, arrastrarse tampoco. Lo verdaderamente triste es no tener valor para caer, cuando aún no te sabes levantar.





Pocos metro más adelante, se abre ante nosotros un bello paraje surcado por aguas turquesas que nos invitan a alargar la vista hasta el cercano embalse de Azután.

Mi hijo con los ojos iluminados corre hacia "su sorpresa", un banco de madera puesto en uno de los mejores miradores de la zona. Se tumba bruscamente emitiendo un gran suspiro de satisfacción. Mientras yo, pierdo mi mirada en las verdes encinas que nos saludan como si supieran que íbamos a su encuentro.




Ver pasar la vida con la quietud de un un banco, es como enviar una carta de amor sin perfumar...





Tras un largo rato de merecido descanso y saboreando las vistas de tan bello enclave, observamos como, hileras de hormigas, se apresuran cargando sustento para su hogar y, tras saltar con mi hijo de piedra en piedra haciendo equilibrios imposibles, partimos de regreso, antes de que nos cubra la noche o la inminente lluvia que se avecina.



Las tormentas en tu cabeza son creadas por la ira. A veces, para refugiarte de la lluvia, debes dejar todo atrás.






Antes de atravesar de nuevo el túnel, observamos la sierra de la Estrella tras la cual, se encuentra el pueblo que la da nombre. La nube se acerca y el aguacero es inminente, por lo que forzamos el paso los pocos metros que aún  nos quedan.




A veces el mejor espejo no es el que tienes enfrente,  sino el que te susurra desde atrás lo que no eres capaz de ver.




Tras mezclarnos de nuevo con los ecos del túnel, nuestra vista alcanza la vieja estación del pueblo, reflejada en un gran charco de anteriores lluvias.

Solo queda llegar a la "guarida" familiar, cantar bajo la ducha y saborear unas ricas viandas que repongan cuerpo, alma y estómago...






Diego de Brosy




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#diegodebrosy


Comentarios

  1. Como siempre es maravilloso sentarse diez minutos y relajarte mientras lees y compartes pensamientos tan sencillos y a la vez puros. Un gusto leerte y la fotografía inmejorable. ¡Qué bonitas! Estoy deseando la siguiente escapada. Gracias.

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    1. Gracias por tu comentario. Me alegra haberte reportado unos momentos de paz y un cálido viaje por ésta bella zona toledana. Espero que me acompañes en más paseos y los disfrutes tanto como en esta ocasión. Un saludo.

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  2. Ya antes de comenzar a leerlo,sabía que me iba a gustar, no solo eso, sino que me iba a emocionar,pues ya conozco de tu dulzura a la hora de recorrer los campos así como los corazones, igue así.

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  3. Hola de casualidad pase por aqui y me ha encantado ver las hermosas fotografías y el arte con que las plasmas, con esas hermosas y ciertas palabras. Sin duda alguna es un arte lo que haces. Déjame decirte que esas fotos son espectaculares para llevarlas a hermosos cuadros.

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    1. Muchas gracias Sisi. Me alegra que disfrutes con estos textos y sus imágenes. Muchas gracias por tu comentario ❤️

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  4. Fantástico paseo, me he evadido durante un rato observando las hermosas imágenes que nos dejas acompañadas de frases tan auténticas. Saludos

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    1. Muchas gracias Tinta de las Olas. Me halaga tu comentario y me alegra que te haya servido como dulce evasión. Muchas gracias por comentar. Pasa un feliz día.

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